Cuba: Escritura antigua (Paleografía)Editar la página

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FUENTES PALEOGRÁFICAS

La paleografía es esencialmente una ciencia comparative de origen reciente. El erudito benedictino francés, Juan Mabillón, en 1681, escribió el libro De Re Diplomática que es considerado como el primer tratado sobre estos campos de ciencia. Estudios netamente paleográficos vienen mucho después. La paleografía es el arte de descifrar las escrituras y signos antiguos, mientras la diplómatica concierne al estudio de los diplomas y otros documentos, su papel, tinta, etc. 

Para el genealogista es necesario poder decifrar las diferentes clases de escritura que va encontrando en el proceso de sus investigaciones. Para poder hacer esto es preciso entender la evolución de las diferentes escrituras. Con esto también viene la necesidad de poder distinguir las características o rasgos de las distintas escrituras.

Las diferentes clases de escritura que encontramos en Cuba tienen su origen con el alfabeto romano popular durante el tiempo de Cicerón y la edad dorada del Latín clásico (80 A.C. a 14 D.C.). El Latín, o el alfabeto romano originalmente llevaba 21 letras, que eran: A, B, C, D, E, F, G, H, I, K, L, M, N, O, P, Q, R, S, T, V, X. La “I” sirvió por la “I” y la “J” mientras que la “V” representaba la “U” y la “V.” Alrededor del año 50 A.C., las letras Y y Z se añadieron.

Carlomagno, durante su reinado (768 a 814 D.C.), mandó reformar la escritura de su período período. Esta reforma estableció una sola escritura para todo el cristianismo. Alcanzó su perfección en la escritura carolingia del siglo XII. De allí una decadencia gradual fue introducida a este estilo por la introducción de la escritura conocido como gótica. Este estilo prevaleció durante el siglo XIII. Con la introducción de la imprenta con carácteres móviles de metal, inventado por Gutenberg en Maguncia, por el año 1436, la necesidad de un estilo de escritura más práctica fue reconocida. Los italianos fueron los primeros en abandoner la escritura gótica, introduciendo la escritura itálica que en su forma cursive parece tener su origin con el poeta Francisco Petrarca (1304-1374), un historiador e investigador incansable de los manuscritos antiguos. La escritura itálica también se conoce por los nombres “bastardilla” y “bastarda.”

La introducción de la escritura itálica en España comenzó en el siglo XV, gradualmente recibiendo más uso hasto que en la primera mitad del siglo XVI reemplazó la escritura cortesana en las cortes reales. La escritura cortesana en ese entonces era de uso reciente en España. Se había adaptado de las otras cortes europeas, reteniendo mucho de su origen gótico. Existe muy poco en Cuba. Las escrituras más communes son la procesal y la itálica con sus respectivas derivaciones.

“La enseñanza de la letra procesal no se efectuaba en las escuelas de una manera sistemática con maestros calígrafos; era un tipo de escritura prohibido por una carta – arancel del 3 de marzo de 1503, dictada por los Reyes Católicos en Alcalá de Henares. No se conocen obras caligráficas de tal escritura, sino que ella se desarrolló, podríamos decir, al márgen de los preceptos caligráficos de la letra cortesana, la cual tuvo su aspecto un tanto caligráfico, y cuya enseñanza probablemente fue más sistemática. Los calígrafos españoles, desde mediados del siglo XVI, cuando comenzaron a aparecer las primeras obras caligráficas importantes, tomaron en cuenta la letra procesal, pero con un intento de hacerla más caligráfica, sin resultado positive, aunque hay algunos casos en que la reforma caligráfica de la procesal, conocido bajo el nombre de “redondilla procesada,” tuvo cierta aplicación, encontrándose algunos manuscritos de tal escritura en nuestras archivos.

“La procesal es eminentemente cursiva, permitiendo a los escribientes gran libertad en el trazado, lo que ha provocado la degeneración de la letra, de tal manera que es difícil, en todo el estudio de la paleografía Latina y sus aplicaciones en las lenguas vernáculas, encontrar una escritura de tan divergentes formas como lo es la escritura procesal. A primera vista, los distintos manuscritos examinados por personas que no conocen el desarrollo de la procesal, pueden llevar a la conclusion de que se trata de varios tipos de escrituras. Es que los tipos de la escritura procesal oscilan entre los parecidos a la cortesana, que todavía mantienen algunas formas angulosas heredadas de la gótica cursive de la cual se desarrolló, hasta los extremadamente redondos, de la encadenada, que es la última degeneración del ciclo cortesana – procesal – encadenada.” (Aurelio Tanodi, Interpretación Paleográfica de Nombres Indígenas, Córdoba, Argentina, 1965, página 38).

La escritura procesal usa una variedad de abreviaturas: contracciones, letras superimpuestas, y suspensions, lo que le hace aún más difícil interpreter ó estudiar en una manera sistemática.

“La enseñanza sistemática es una de las principales características de la escritura bastardilla [o itálica] …. Los calígrafos del siglo XVII y años posteriores, siguieron con la escritura italiana o bastardilla con algunas pequeñas modificaciones. Los escribientes, tuvieron entonces ejemplos caligráficos a los cuales podían recurrir, y la enseñanza disponía de buenos manuales.

“A pesar de la enseñanza sistemática y de los ejemplos caligráficos, no todos se ajustaron estrictamente a la formación caligráfica. Habían personas que aprendían a escribir sin cursar estudios especiales, es decir, sin un aprendizaje sistemático, y otras, que aunque lo hicieron, degeneraron su escritura personal, alejándose de los preceptos caligráficos, porque la bastardilla es un tipo de escritura cursive, y se usaba para manuscritos de diversísimas índoles. De tal manera encontramos, en el mismo lugar y al mismo tiempo, manuscritos de diversos aspectos, desde los muy caligráficos hasta los muy descuidados. Ello dependía de la pericia gráfica del aprendizaje, de la intención con que se confeccionaba el manuscrito, de la importancia del mismo, del aspecto externo y su composición interna.

“Por lo general, la bastardilla es mucho más clara y legible que la procesal y la encadenada; sin embargo, hay textos que ofrecen serias dificultades y requieren el estudio especial.” (Aurelio Tanodi, op. cit., página 40).

La mejor manera de proceder de estudiar cualquier clase de escritura, es de hacer una lista de mayúscula y de minúsula de letras de A a Z, y anotar las variaciones en la formación de las letras. Haciendo esto en cada parroquia, archivo, o documento que uno vaya a estudiar, ayuda mucho en decifrar los documentos difíciles.


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